Apuntes sobre edificación y autoridad en la iglesia local
ESTEBAN RODEMANN

    Uno de los grandes retos de la sociedad actual tiene que ver con el subjetivismo que impera en la forma de pensar:
┤"Lo que yo pienso y siento" es lo que me intereso. Antes, lo verdad estaba fuera, era un ello; ahora está dentro de mi mismo, es una extensión de mi yo.¬ (Pablo Martínez) (1).
Así reza el credo de nuestro tiempo. Este subjetivismo, que responde al doble fenómeno de la erosión de los valores absolutos y la confusión ética reinante, también lo alimenta. Y ha contribuido al rechazo del concepto de la autoridad espiritual en la iglesia local. La obediencia ciega a los ancianos o pastores, como principio de vida, ha quedado desacreditada.

    Sigue el análisis de Pablo: ┤Cualquier noción de autoridad se identifico con autoritarismo. Se confunde el sacerdocio universal de todos los sontos con lo "anarquía general". Es preocupante el troto que se da o postores y ancianos en algunos congregaciones. Se habla, incluso, despectivamente, con ellos y de ellos. La antiguo palabra "reverendo", concepto quizás cuestionable, ha sido sustituido por su opuesto, una falto de respeto que cosi bordeo la falto de educación. Yo estoy convencido de que, silos creyentes orasen por sus postores y ancianos tanto como les critican, cambiarían muchas cosas en las iglesias locales. El rechazo de lo autoridad es un ejemplo de este subjetivismo y de lo crisis de valores de nuestros días. Por supuesto, no estamos abogando por actitudes despóticas y autoritarios, por el autoritarismo; la autoridad es algo que hay que ganarse, está inseparablemente unida a la idea de crear; de ser autor Pero el Señor Jesús dejó establecido un orden claro para la iglesia, con dones dentro del cuerpo, y estos dones deben ser respetados¬ (2).

    Al mismo tiempo, sin embargo, el cuestionamiento de todo tipo de autoridad espiritual también responde a una creciente sensibilidad al daño que el abuso de la autoridad pastoral ha producido en algunos casos. Hay hermanos que han sufrido los efectos nocivos de un despotismo espiritual, de un ┤señorearse¬ de las almas, en fin, del autoritarismo pastoral, defendido éste -para colmo- con argumentos de la Palabra de Dios.

    El creyente del S. XXI se enfrenta a dos necesidades urgentes: recuperar el sentido de la autoridad espiritual correctamente ejercida, y armarse -también correctamente, con la Palabra de Dios y un espíritu de humildad- contra posibles abusos de esa autoridad. Conviene repasar la enseñanza bíblica al respecto.

 

Aspectos de la autoridad del anciano/pastor en la iglesia local

   La autoridad del anciano/pastor es una autoridad delegada. El Señor Jesucristo es cabeza de su iglesia (Ef. 1.22) y Señor de todos (Ro. 14.9), por haber comprado a los redimidos con su propia sangre (Hch. 20.28). Los ancianos siempre han de recordar que la grey es de Dios (1 P. 5.2), no un feudo privado. Pero el Señor delega en ellos el pastoreo del rebaño, para edificación y no para destrucción (2 Co. 10.8, 13.10).

   Es una autoridad demostrada. La autoridad moral y espiritual del anciano proviene de haber sido puesto por el Señor para ello (Hch. 20.28). Tal llamamiento se demuestra a través de una vida cristiana ejemplar (1 P. 5.3)-semejanza a Cristo, amor a las personas, dominio de la palabra de Dios- y ésto, continuamente. El hecho de algún reconocimiento público en el pasado no otorga autoridad para siempre, si la vida espiritual coherente no acompaña.

Es una autoridad limitada. Si bien se preocupa el anciano por todos los aspectos de la vida de los hermanos, velando por ello en oración (He. 13.17), también sabe que los herma-nos no deben hacerse esclavos de los hombres (1 Co. 7.23). Pedro exhorta a que nadie sufra por ser entremetido (1 P 4.15), exhortación que seguramente habría que aplicarse a los ancianos. No tienen derecho a mandar sobre todos los detalles de la vi-da de los hermanos. El apóstol Pablo reconoce que en muchas áreas de la vida, los creyentes son enteramente libres de tomar sus propias decisiones (1 Co. 7.39).

    En toda clase de autoridad humana, según la Biblia, la legitimidad de ésta se circunscribe a la esfera en cuestión. Ninguna autoridad humana es absoluta, sino ha de ejercerse en el cumplimiento de ciertos fines concretos. Los gobernantes civiles reciben autoridad para ┤hacer justicia y para castigar al que hace lo malo¬ (Ro. 13.4), pero no tienen derecho a avasallar injustamente a las conciencias (┤Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres¬, ░'ch. 5.29). El mismo principio se aplica a maridos, a padres de familia, y a ancianos de iglesia: Safira no debió seguir a Ananías en el engaño (░'ch. 5.1-11), ni los hijos de Coré en la rebelión contra Moisés (Nú. 16.24-32). Los hermanos de la iglesia no estaban obligados a seguir a Diótrefes en su oposición a los apóstoles (3 Jn. 9-10).

Es una autoridad real. El autor de Hebreos emplea los verbos ┤obedecer¬ y ┤sujetarse¬ (He. 13.17) Pedro insta a que los más jóvenes estén sujetos a los ancianos (1 P. 5.5). Pablo exhorta a que se les tenga en mucha estima y amor (1 Ts. 5.12-13). Los que deben tomar la iniciativa en cuestiones de disciplina son los ┤espirituales¬ (Gá. 6.1). Esto significa que, si la vida del anciano se ajusta a las normas de la Palabra, demostrando así su propia sujeción al señorío de Jesucristo, los hermanos deben ceder a su criterio, aún en cuestiones donde -siendo libres- podrían tener otro punto de vista.

 

Alcance de la autoridad del anciano

   Siendo limitada la autoridad del ancianos en la iglesia local -pero también real y digna del máximo respeto-, ésta se concreta principalmente en las siguientes áreas:    La exhortación de Pedro a que los ancianos no se enseñoreen del rebaño (1 P. 5.3), se refiere a un ejercicio de la autoridad que, 1) vaya más allá de las esferas arriba enumeradas; 2) se revista de actitudes de soberbia o prepotencia; 3) no esté respaldada por un ejemplo de vida coherente. No todo ejercicio de autoridad espiritual equivale a un ┤señorearse¬.

   Al mismo tiempo, la Biblia indica que ┤mejor son dos que uno¬ (Ec. 4.9), ┤en la multitud de consejeros hay seguridad¬ (Pr 11.14), ┤en la multitud de consejeros está la victoria¬ (Pr 24.6). Cuatro ojos ven más que dos. Para la administración cotidiana de la iglesia, un pastoreo colegiado siempre será mejor Se pueden crear órganos fijos o coyunturales, con el fin de contar con más personas en la toma de decisiones. Podría tratarse de un Consejo de Iglesia con la presencia de diáconos/diaconisas o colaboradores/as; también se podría reunir a un grupo de responsables de los distintos ministerios dentro de la iglesia. Un punto de testimonio podría regirse por un consejo provisional, compuesto de los miembros más maduros de la zona.

   Hay que distinguir, sin embargo, entre hermanos y hermanas muy valiosos, con un buen criterio en la mayoría de las cosas, y aquellos otros hermanos que ostenten todas las cualidades que el Señor exige de un anciano de iglesia. El Señor encarga el cuidado de la iglesia a hombres que demuestren cierto rodaje en la vida, en sintonía con Jesucristo, y exige la sumisión de los hermanos a éstos, no a otros. Así que el anciano, o los ancianos, siempre deben tener la última palabra (que no es la única) en las áreas de la vivencia eclesial arriba señaladas.

   En muchas iglesias pequeñas, habrá un solo anciano. Entre las dos alternativas, la de reconocer a hombres no cualificados, y la de esperar hasta que el Señor levante a hombres que cumplan con los requisitos espirituales del anciano, siempre será preferible esperar, aunque el anciano en funciones tenga que quedarse solo hasta que maduren hombres con una vida espiritual en condiciones. El modelo novotestamentario de una pluralidad de ancianos es deseable, sabio, y bueno, pero no es un mandamiento. El mandamiento es que sólo se reconozca a los hombres cualificados.

   El principio bíblico de que ┤un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera¬ (Nú. 35.30) y, en el NT, que ┤si dos de vosotros se ponen de acuerdo...¬ (en casos de disciplina eclesial, Mt. 18.15-20), sugiere que en las sanciones disciplinarias más extremas (exclusión definitiva de la mesa del Señor, expulsión de la iglesia), la decisión debe ser tomada por, al menos dos personas (el anciano más otro, o dos ancianos, o el Consejo de ancianos entero). La iglesia entera, sin embargo, debe secundar las medidas que se tomen si éstas se ajustan a la Palabra de Dios.

   Hay pasajes bíblicos que resaltan la armonía entre el criterio de los responsables de la congregación y el sentir general de todos: la selección de los siete para servir a las mesas (░'ch. 6.1-7), la selección de jueces en Israel (Ex. 18.21-23, Dt. 1.9-17). La exigencia de que el candidato a anciano sea ┤irreprochable¬ a los ojos de todos (1 Ti. 3.2, Tit. 1.6) sugiere lo mismo. La idea es que si bien el anciano estará más capacitado para discernir la voluntad de Dios para la congregación, ésta también debe dar crédito (o no) a sus argumentos: ┤Bueno es hacer lo que has dicho¬ (Dt. 1.14), ┤Agradó la propuesta a toda la multitud¬ (Hch. 6.5). El visto bueno de la congregación sirve de protección natural contra cualquier tipo de atropello espiritual.

   Sin embargo, al estar compuesta la iglesia de personas con distintos grados de entrega al Señor y de madurez espiritual, las decisiones finales, en lo que respecta a la vida congregacional, no pueden basarse en un principio democrático. La opinión del creyente nuevo, o del hermano mundano, poco comprometido con el Señor, no pesa lo mismo que la de una persona madura en Cristo y sujeta a Su voluntad. La Palabra de Dios da abundantes muestras de cómo el criterio democrático de la multitud puede conducir al desastre espiritual: todo el pueblo llora afligido porque en el desierto no se les da pescado como en Egipto (Nú. 11.4-6,10); el pueblo ┤vota¬ seguir a los diez espías en vez de a Caleb y Josué, designando un líder para devolverles a la esclavitud de Egipto (Nú. 14.1-10). Otra vez, toda la congregación se une a la rebelión de Coré contra Moisés (Nú. 16.19-20); luego, todo el pueblo murmura contra Moisés porque el viaje parece muy largo (Ná. 21.4-5). La experiencia demuestra que el criterio de toda la congregación puede ser exactamente el incorrecto.

   Así que existen varios principios bíblicos a compaginar: la autoridad espiritual del anciano en las áreas que le competen (┤derecho a la última palabra¬), y la aprobación de la congregación entera, pero sin que ésta se una en desobediencia al Señor °Cómo conciliar estos principios? Puede haber varias maneras prácticas: Como norma, el anciano, o los ancianos, debe gozar del máximo respeto de la congregación, reconociendo ésta su derecho a la ┤última palabra¬ en los asuntos de la vida congregacional arriba indicados. Al mismo tiempo, conviene asumir una serie de salvedades:

 

Fundamento de la autoridad del anciano

   La autoridad del anciano, siendo siempre moral y espiritual, radica en la calidad de su ejemplo de vida cristiana. Uno debe ser anciano (demostrando ┤peso¬ espiritual), antes de ser reconocido como tal (1 Ts. 5.12-13). Cuando llega el momento del reconocimiento público, esto sólo constituye una confirmación pública de ciertas cualidades que ya existen. El reconocimiento no otorga autoridad, sino respalda la autoridad moral ya existente. El caso de Job demuestra el inmenso peso social que una vida ejemplar genera, sin ningún tipo de reconocimiento oficial de parte de otros (Job 29).

   La experiencia demuestra que cuando se reconoce a hombres como ancianos que no gozan de toda la confianza de la congregación, o que no han evidenciado el suficiente peso espiritual, éstos son despreciados cuando llegan desacuerdos o conflictos en la congregación. Los hermanos problemáticos se sienten con libertad para no hacerles caso, y el oficio mismo queda desprestigiado.

   Las distintas listas del NT (1 Ti. 3.1-7, Tit. 1-5-1 1, Hch. 6.3) y los pasajes paralelos del AT (Ex. 18.21, Nú. 11.16, Dt. 1.15, Sal. 15), sugieren una serie de cualidades que señalan al hombre puesto por Dios para servir como anciano en una congregación. Son requisitos perfecta-mente alcanzables:

  1. Es hombre. El Nuevo Testamento no contempla la figura de pastora/anciana en las congregaciones (1 Ti. 3.2,2.12).
  2. Es un hombre espiritual, de testimonio coherente (irreprochable, sobrio, humilde, santo, aborrecedor de ganancias deshonestas, hombre de una sola mujer, decoroso). Evidencia amor a la Palabra de Dios y se somete al señorío de Jesucristo. Tiene la costumbre de un tiempo devocional diario. Asiste a los cultos dominicales. Demuestra confianza en Dios en medio de sus propias pruebas. Es un hombre de oración, participa habitualmente en la reunión de oración de la iglesia.
  3. Es un hombre bueno (amable, apacible, no iracundo, hospitalario). No se le conoce por su mal carácter, sino por su sonrisa, su amabilidad, su accesibilidad. Es generoso, comparte de lo suyo libremente. Se preocupa por los hermanos, está cerca (no siempre de viaje o ausente por vivir en otro pueblo).
  4. Es un hombre experimentado (no neófito, de buen testimonio con los de fuera, ┤anciano¬ precisamente). Tiene rodaje en la vida, no es un ┤pardillo¬. Ha peleado muchas batallas, y por eso sabe aconsejar a otros.
  5. Es un hombre de familia (1 Ti 3.4-5, Tit. 1.6). Por varios motivos: la experiencia de convivir con mujer e hijos enseña una serie de cualidades imprescindibles para cuidar de la iglesia de Dios, como son el sacrifico, la abnegación, la paciencia, el equilibrio entre autoridad y amor. El hombre que sabe gobernar su propia casa, demuestra que podrá hacer lo mismo en la congregación. Los hijos que respetan la autoridad de su padre, y que toman como propios sus valores espirituales, dan la seguridad a la congregación de que ese hombre es digno de su confianza.
    El apóstol Pablo, sin embargo, no tuvo mujer e hijos. Su ejemplo nos advierte que un hombre soltero, o casado pero sin hijos, podría aprender las cualidades espirituales requeridas a través de otras experiencias en la vida. Sin embargo, por regla general el anciano soltero deberá tener más edad para mostrar a todos su aptitud para el gobierno de una iglesia.
  6. Es un hombre de la Biblia (apto para enseñar, retenedor de la doctrina). Maneja la Palabra suficientemente bien como para instruir a la congregación y contradecir a los que enseñan el error y debilitan la fe de los hermanos. Comparte de la Palabra habitualmente en el tiempo libre. Tito 1.10-11, en este contexto, indica que el anciano debe tener suficiente carácter como para enfrentarse a los malos, con el fin de proteger al rebaño.
  7. Es un hombre activo (1 Ts.5.12-13). Se mueve para servir, no se queda parado. Toma iniciativas, busca necesidades, tiene inquietudes para hacer el bien de cualquier manera. Aprovecha al máximo su tiempo libre para el Señor La frase ┤el que desea obispado¬ (1 Ti. 3.1) se refiere a este sano deseo -plasmado en una actividad real- de servir (no a la ambición de ostentar un cargo).
  8. Es un hombre sabio (prudente, justo, sabio, dueño de si mismo, amante de lo bueno). Ha demostrado tener buen criterio en las decisiones de la vida. No permanece indeciso, se define valientemente por lo correcto. Distingue entre las cosas importantes y entre las pequeñeces. Guarda las proporciones, es sensato, tiene sentido común. También guarda las confidencias, no se apresura a dar consejos frívolamente; tampoco tiene mala lengua.
   Una de las mayores garantías de que no se cometerán atropellos espirituales en la iglesia, consiste en respetar estos requisitos bíblicos, tomarlos con la máxima seriedad, y sólo reconocer a hombres cuya vida se ajusta a ellos. A veces, se ha cometido el error de reconocer como anciano a hombres con grandes lagunas en su ┤currículum¬ espiritual: o por las prisas del evangelista fundador de una iglesia nueva, o por la sensación de desamparo que el anciano solitario suele sufrir El camino a seguir, sin embargo, para edificar con "oro, plata, y piedras preciosas" (1 Co. 3.12-13), es que toda la iglesia local ore fervientemente para que el Señor levante a hombres con el talante cristiano necesario, y para que los hombres de la congregación se esfuercen por crecer en Cristo y cumplir así las expectativas de sus hermanos.

NOTAS:

  1. Pablo Martínez, "La iglesia ante los retos del siglo XXI", ponenc░a ante la Asamblea General de la Alianza Evangélica Española, publicada en Idea, n°2,1999. Pág. 2.
  2. Ib░d., pp. 3-4.
A Propósito del Autor
Esteban Rodemann es un misionero estadounidense residente en EspaĎa desde 1981, y asiduo colaborador de EC. Comenzó su ministerio en Madrid con la Iglesia en C/ Ofelia Nieto, 57 lo que resultó en la fundación de la Iglesia Evangélica de La Vaguada, en la que continúa como máximo responsable. Sus dotes literarias, junto con el admirable dominio adquirido del castellano, así como su interés por la enseĎanza y el discipulado, le han llevado a autoeditar una serie de cuadernos; en ellos, aún en los de más modesta presentación, aborda con rigor en la exposición bíblica y al mismo tiempo, con amenidad y simpáticas ilustraciones, los más variados temas. El presente trabajo pertenece precisamente a uno de los mencionados cuadernos.