El dolor, "megáfono de Dios"
José Manuel López Franco
Ocurrió una fría tarde de otoño. Llovía, por cierto, cuando tras una breve llamada telefónica le anunciaron a Isabel la muerte de su hijo menor. Su marido había fallecido unos meses antes en un fatídico accidente de tráfico, y Xavi seguía en coma desde entonces. El mundo se le cayó encima en aquel mismo instante. Sin tan siquiera contestar, salió de casa sonámbula y desorientada, todo giraba a su alrededor. No podía creer lo que había escuchado hacía apenas unos instantes. Días después de haberse celebrado el funeral, Isabel torturaba su alma, preguntándose cómo podía Dios permitir que esto le estuviese sucediendo a ella. "øPor qué, Señor...?".
La familia Brañas sufre desde hace años una situación penosa y desafortunada. Sólo el cabeza de familia, el Sr. ÝFrancisco, trabaja y su pequeño salario casi no llega para cubrir lo más básico. Sus dos hijos engrosan la lista del paro desde hace varios años, y la abuela sufre una enfermedad que la ha dejado postrada y con necesidad de continuos cuidados. Asisten fielmente a una pequeña iglesia evangélica, y en medio de su dolor se esfuerzan por elevar sus plegarias al trono de la gracia juntamente con sus hermanos en la fe. Más de una vez, las dudas les han sacudido como si fueran un fuerte oleaje producido por la tormenta en la cual se debaten sus vidas. øEscucha el Señor nuestro lamento? (se preguntan). øSabe él lo que estamos pasando...?
Cuántas personas, perplejas ante el problema del sufrimiento humano, nos han preguntado alguna vez: øCómo es que Dios permite el hambre en el mundo? øCómo es que permite que sucedan catástrofes naturales como huracanes y terremotos y cientos de personas pierdan la vida?
Primeramente, debemos comprender que estamos reflexionando aquí sobre un problema al cual los pensadores durante miles de años no han encontrado solución. Para J¸rgen Moltmann:
Antes de la venida de Cristo, los filósofos griegos habían formulado el problema del mal. Epicuro (341-270 a. C.), citado por Lactancio (260-340 d. C.), lo presentó de esta manera:
Para los dualistas, la explicación del origen del mal y del sufrimiento era descrito como la eterna lucha entre dos fuerzas en búsqueda de la supremacía. El Maniqueísmo y el Zoroastrismo, mantenían igualmente que existían dos principios básicos: un poder bueno y uno malo. Los Bogomiles y los Cátaros asumieron más tarde este tipo de dualismo. Dios no era para ellos Todopoderoso y estaba enzarzado en una lucha sin final contra el mal, dueño y señor del mundo material y de la carne.
Para el Monismo, por el contrario, la realidad última detrás del universo era una y no dos: "Todo cuanto existe, lo bueno y lo malo, es una expresión necesaria de la totalidad de la creatividad divina". ÝLos Panteístas llamarían a este "dios", naturaleza; los físicos, energía; los hinduistas, Brahma; los entusiastas de "la guerra de las Galaxias", le llamarían fuerza. Pero sea cual sea el título que se le dé, el bien y el mal son parte de él. Está claro que este tipo de filosofías chocan frontalmente con la revelación bíblica, la cual afirma sin ambages: "Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él" (1 Jn. l:5).
Tomás de Aquino, el gran teólogo medieval, reconoció en el dilema de Epicuro uno de los principales obstáculos para el cristianismo. él buscó entender el problema distinguiendo las causas primarias de las secundarias. ÝAunque Dios es obviamente la causa primaria de todo lo que existe, el mal ha de ser atribuido a causas secundarias por las cuales Dios no es moralmente responsable.
Podemos distinguir en líneas generales dos tipos de mal: mal natural y mal moral. El mal o los males naturales son aquellos que "aparentemente" no tienen relación directa con el hombre. Aunque sin duda alguna, tiene relación con la caída en el huerto de Edén. La Biblia describe la creación como "sufriendo dolores de parto" (Ro. 8). El hombre, en vez de "enseñorearse" de la creación, ha sido como una insaciable termita devorándolo todo a su alrededor y llevando el equilibrio ecológico a límites insostenibles. El estado del clima, por ejemplo, no está totalmente desconectado del egoísmo y la codicia humanas. øQué efecto tendrá a largo plazo la reducción acelerada de las selvas amazónicas? øQué está sucediendo con la capa de ozono? Podríamos seguir nuestra argumentación en esta misma línea, afirmando que muchas de las plagas que nos azotan, como el SIDA, la legionella, "el mal de las vacas locas", etc, han nacido de la manipulación y alteración del medio natural por el hombre.
En cuanto al mal moral y en palabras de C. S. Lewis, "...las cuatro quintas partes del sufrimiento humano. Han sido los hombres, no Dios quienes han inventado los potros de tortura, los látigos, las cárceles, la esclavitud, los cañones, las bombas. La avaricia y la estupidez humanas, no la mezquindad de la naturaleza, son las causas de la pobreza y el trabajo agotador". ÝPodemos explicar el mal por el hecho de que Dios hizo a personas moralmente libres con la capacidad de hacer elecciones morales erróneas.
"Si viviéramos en un mundo en el cual Dios impidiese que ocurriera el mal, como Superman en las películas de Alexander Salkind, la actividad moral libre sería imposible".
Ellos simplemente niegan la existencia de la materia. Todo es mente y espíritu. La enfermedad y la muerte son solamente ilusiones; a pesar de que sus seguidores sufren y mueren.
"No porque ignoramos los hechos dejan de existir" (Aldous Huxley)
Pero sin irnos al otro extremo, ciertamente hay en el cristianismo lugar para la pena y las lágrimas (Jn. 2:35; Ec. 3:4). Es solamente pecaminoso permitir que nuestra pena se torne en amargura y antagonismo hacia Dios. ÝPero una aceptación pasiva y fatalista, "lo que sea, será", nunca ha sido respuesta cristiana al sufrimiento.
Cuanto más buscamos evadir nuestras penas, más nos frustramos y más conscientes nos hacemos de ellas. Podríamos ilustrarlo con palabras de Saint-Exupéry, autor del maravilloso cuento para niños, y no tan niños, "El Principito":
Otros como Woody Allen, actor y director de cine, expresan su temor al dolor con frases tan sarcásticas como esta: "No tengo miedo a morir, sólo quiero no estar presente cuando pase".
A) Nunca deberíamos decir que no existe relación entre el sufrimiento humano y la ira correctiva de Dios. En palabras de C. S. Lewis: "El dolor como megáfono de Dios es, sin duda alguna, un terrible instrumento. Pero también puede ser la única oportunidad del malvado para salvarse. El dolor quita el velo y coloca la bandera de la verdad en la fortaleza del alma rebelde".
B) No debemos hacernos la pregunta: "øPor qué me está sucediendo esto a mí?". Asumiendo que hay algo injusto en que yo sufra (Lc. 13:1-5). Nos hemos acostumbrado tanto a la paciencia de Dios, a su misericordia, que nos extraña que la prueba acontezca. El sufrimiento está relacionado con el pecado. El pecado está presente "en" y "con" nosotros. La pregunta debería ser: øPor qué sigue siendo Dios tan paciente y misericordioso con el hombre?
Cada vez que vamos al médico, mostramos nuestra confianza en explicaciones que muchas veces no comprendemos. Pero con respecto a la prueba, tenemos la absoluta certeza de que el fuego del crisol nunca reducirá nuestra fe a ascuas. El fuego no destruye el oro, sólo lo purifica (l P. 1:67).
"La cruz -en palabras de John Stott- hace añicos esta terrible caricatura de Dios. No debemos pensar en Dios recostado en una hamaca, sino suspendido de una cruz. El Dios que nos deja sufrir, una vez sufrió él mismo en Cristo y sigue sufriendo con nosotros y por nosotros hoy. La cruz fue un acontecimiento histórico que se dio una vez para siempre, en el que Dios en Cristo llevó nuestros pecados y murió nuestra muerte, por su amor y su justicia".
Los evangelios, hablando de Jesús, le atribuyen toda clase de emociones humanas, desde el amor y la compasión, pasando por el odio y la indignación, hasta la tristeza y el gozo. La terquedad de los corazones humanos le ocasionaban angustia y enojo. A la entrada de la tumba de Lázaro, frente a la muerte, "lloró" de dolor y fue "profundamente conmovido" de indignación. Volvió a llorar por Jerusalén y pronunció un lamento por su ceguera y terquedad. Aún Cristo victorioso, resucitado de la muerte y vencedor, está sentado a la diestra del Padre y puede "compadecerse de nuestras debilidades". Acerquémonos pues al trono de la gracia en medio del dolor y el sufrimiento a fin de hallar "el oportuno socorro".
"En el sufrimiento se levanta la pregunta fundamental de la humanidad acerca de Dios". Porque el sufrimiento no es meramente una pregunta académica, sino "una herida abierta en la vida de este mundo".øPor qué permite Dios el sufrimiento?
Cada sistema de pensamiento debe más tarde o más temprano presentar alguna respuesta a la cuestión del sufrimiento. Todos hemos experimentado alguna de sus múltiples formas, directa o indirectamente. Lo hemos observado en la vida de otros: enfermedad, dolor, pena y muerte; sufrimiento del cuerpo y de la mente. Al mismo tiempo, tenemos la capacidad de imaginarnos una existencia mejor: libres de dolor, pena y tragedia. Existe algo en nosotros que anhela el estado descrito en Apocalipsis 21:4. Pero, está lejos de la realidad que nosotros conocemos, y la capacidad de imaginarlo es a menudo distorsionada por nuestra propia miseria.
"O Dios quiere quitar los males, y es incapaz; o él es capaz, y no quiere; o él ni quiere ni es capaz; o él quiere y es capaz. Si él quiere y es incapaz, él es débil, lo que no concuerda con el carácter de Dios; si él es capaz y no quiere, él es envidioso, lo que también está en desacuerdo con Dios; si él ni quiere ni es capaz, El es tanto envidioso como débil, y por tanto no es Dios; si él quiere y es capaz, lo cual es idóneo sólo para Dios, øde dónde pues se originan los males?, y øpor qué El no los elimina?".
"No es el poder destructivo de la bomba atómica lo que me espanta, sino el poder destructivo del corazón humano" (Albert Einstein).
"Si Jorge es libre actualmente en lo que respecta a un acto moral dado, entonces depende de Jorge el hacer o no hacer ese acto; no depende de Dios. ÝVerdaderamente, Dios pudo haber creado un mundo en el que las personas siempre escogieran hacer lo correcto, pero sería difícil arg¸ir que la libertad moral existiera en tal mundo".Cómo enfrenta el hombre el problema del sufrimiento.
Desgraciadamente para algún que otro cristiano hoy en día, el sufrimiento y la prueba estarían relacionados sin duda alguna con algún pecado específico cometido por la persona. Esta sería la causa inmediata de su situación personal. Esta doctrina de "los consoladores de Job", es errónea, pues no todo sufrimiento personal se debe al pecado personal. Es más, uno de los principales propósitos del libro de Job es justamente rectificar esa noción, popular pero desacertada. Los hombres no siempre sufren en proporción directa con su pecado (Jn. 9:1-3; Job).
La Biblia rechaza esta idea acerca de la materia (Gn. l:l), o la enfermedad. ÝEl cristiano no es animado a buscar el sufrimiento en manera alguna, pero sí admite la realidad de su existencia (Is. 53:3; Jn. 16:20; l P. 4:12).
-øPor qué bebes?- le preguntó el Principito.
-Para olvidar- le respondió el bebedor.
-øPara olvidar, qué?- inquirió el Principito, que ya le compadecía.
-Para olvidar que tengo verg¸enza- confesó el bebedor, bajando la cabeza.
-øVerg¸enza de qué?- trató de averiguar el Principito, que deseaba ayudarlo.
-°Verg¸enza de beber!- finalizó el bebedor.La Biblia contesta al problema del sufrimiento
Cuando sufro, debería preguntarme qué es lo que Dios tiene en su mente. él quizá no tenga nada en mente, o °quizá sí!
"...He visto gran belleza de espíritu en personas afligidas; he comprobado cómo, por lo general, los hombres mejoran con los años, en vez de empeorar; he observado que la enfermedad final produce tesoros de entereza y mansedumbre".
Nada más real que el testimonio de un hombre que se hallaba en plena lucha por su vida: "Espero ganar mi batalla contra el cáncer, pero no me importa cómo vaya, estoy en paz con Dios. No puedo perder". (Steve McQueen, actor).øAcaso conoce Dios lo que es sufrir?
Job, en toda su amargura y en medio del más profundo dolor, llevado por sus sentimientos contradictorios, llegó a decir de Dios: "Se ríe del sufrimiento de los inocentes" (9:23).
Bibliografía
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