No es una locura: Una historia real
Tani Rodríguez

Introducción
"Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. ÝY el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" (l Jn. 2:16,17).

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Ro. 12:2).

    Estos versículos pueden aplicarse a muy diversas situaciones a lo largo de nuestra vida como creyentes. El obedecer al mandato: "No os conforméis a este siglo", implica muchas cosas para un cristiano y afecta a las decisiones que ha de tomar. Para mí supuso ir contracorriente hace un año cuando dejé de trabajar para estar con mi hijo recién nacido. Muchas personas (algunas cristianas) no comprendieron mi decisión e hicieron comentarios tales como: podrías llevarle a la guardería, te arrepentirás, se te va a caer la casa encima, etc.

    Yo considero que dedicarme por entero al cuidado de mi hijo no sólo es más importante que el dinero, el reconocimiento social o cualquier otra cosa que me proporcione un trabajo, sino también la voluntad de Dios para mi vida. Por lo tanto ésa debe ser ahora mi prioridad.

    El siguiente relato es una ficción a través del cual comparto mi experiencia, y deseo animar a las madres a que sean valientes y no se dejen llevar por la corriente de este mundo cuando se encuentren en una situación así.

-øQué sucede?- preguntó Luis sobresaltado al oír de madrugada los quejidos de su esposa.
-Parece que Samuel ya quiere conocer el mundo- dijo Beatriz con voz entrecortada.
-°Qué! øYa? °Pero si faltan dos semanas!- exclamó Luis levantándose de un salto de la cama. ÝNervioso como estaba por ser padre primerizo, no acertaba a abrocharse la camisa.
-Tranquilo, aún tardará unas horas en nacer- aseguró Beatriz, intentando transmitir calma a su aturdido marido.

    En efecto, hasta seis horas después no se oyó el tan ansiado llanto del bebé que colmó de felicidad a sus padres.

-Estoy impaciente por dar a todos la noticia- dijo Luis con verdadero entusiasmo.
-No olvides llamar a mi oficina- le recordó Beatriz. -øSabes, Samuel, que muchas personas no comprenden que no regrese allí y quiera cuidarte todo el día?- susurró a su pequeño estrechándole con ternura.

    Ayer mismo había discutido con una secretaria. En su opinión, lo que iba a hacer por su hijo era una pérdida de tiempo y éste nunca se lo agradecería. ÝLa directora también pensaba que se arrepentiría tarde o temprano, pero al menos se mostraba más comprensiva. Beatriz estaba desconcertada, todos censuraban su deseo de permanecer en casa con el niño. Hasta su mejor amiga le había sugerido que no renunciara al trabajo porque, entre otras razones, no estaba bien considerado pasar el día cambiando pañales. Afortunadamente tenía el respaldo de Luis, que le ayudaba a no sucumbir ante tanta presión. En cierta ocasión un compañero le comentó que en esa compañía ninguna mujer había dejado su puesto por ser madre.

-A veces me siento como un bicho raro- confesó a su marido.
-No te preocupes, cariño. ÝLo importante es que tú estés convencida de lo que quieres hacer, aunque tengas que luchar contra viento y marea- le alentó Luis.
    Ella estaba segura de la decisión que había tomado y no buscaba la aprobación de los demás, pero sí anhelaba un poco más de comprensión, especialmente de sus seres queridos. Aún tenía fresco el altercado sufrido con su madre al anunciarle su intención de dejar la empresa y cuidar a Samuel.

    "Hija, øpretendes tirar por la borda tu carrera? Tú puedes compaginar el trabajo con los hijos. Es una locura desperdiciar la oportunidad que te han brindado en esa gran empresa", le reconvino su madre mirándola perpleja. ÝDespués prosiguió con una larga serie de argumentos para hacer desistir a su hija de tan descabellada idea. "Mamá, siento no contar con tu aprobación, pero has de saber que mi decisión es firme", replicó Beatriz.

    Durante años se había entregado a su profesión, que le había reportado grandes satisfacciones personales. Con la maternidad iba a entrar en otra etapa de su vida y quería disfrutarla plenamente, sin horarios rígidos y estresantes.

    Beatriz consideraba que el tiempo que pasara con Samuel sería la mejor inversión que podría hacer. Ella pensaba en el bienestar de su hijo, aún más que en el suyo propio. øNo decían siempre los psicólogos que los primeros años de vida del niño eran fundamentales para su desarrollo emocional? Además, el trabajo podía esperar. "Dentro de unos años nadie te ofrecerá un puesto tan excelente como el que ahora tienes", había sentenciado su madre enojada.

    El tiempo diría si algún día Beatriz lamentaría el paso que iba a dar. Ahora sólo sabía que jamás se había sentido tan dichosa y que no había empleo, por magnífico que fuera, que pudiera reemplazar el dulce momento que estaba viviendo. Su precioso bebé se había quedado dormido en su regazo.