Integridad en la obra misionera
(Editorial publicado mayo de 2000)
La palabra integridad -afzorsia en el griego, relacionada con afzarsia, incorrupción o inmortalidad- sólo aparece una vez en el NT, en Tito 2:7, una referencia clara a la integridad en la doctrina, o sea, sin contaminación moral. øCómo se ha de aplicar esto a nuestro tema de hoy, ya que se supone que un misionero en nuestros círculos, que viene encomendado por iglesias de características similares a las nuestras, traerá la misma doctrina y práctica fundamentales consigo?
Yo veo por lo menos cuatro áreas en las que tanto los que vienen como las iglesias que les reciben han de extremar las precauciones en cuanto a la integridad... En primer lugar, ha de haber integridad en declarar "todo el consejo de Dios", "la fe una vez para siempre dada a los santos" (Jud.3). El misionero no viene para traspasar una cultura anglosajona o europea, por muy "cristiana" y "bíblica" (en el sentido de influencia) que sea, sino el mensaje fundamental de la revelación escrita, centrado en la Persona y Obra de Jesucristo. Esto implica una preparación amplia y profunda, algo que no siempre han tenido los misioneros, sobre todo si han venido de círculos donde se presta poca atención a la formación previa de los que son encomendados. Desgraciadamente, todavía esto sigue siendo la realidad de muchas iglesias y misiones en los países emisores, aunque la situación ha mejorado algo en los últimos años.
Otra faceta de la integridad misionera es la de los móviles cuando se ministra la Palabra. No ha de basarse ni en el "qué dirán" ni en "lo que me van a dar", aquí o en el país de origen. Lo primero sería actuar por miedo -nunca un buen consejero-; lo segundo, una falta de fe en la provisión divina, al procurar cubrir las necesidades por cuenta propia. ÝEn esto, el misionero ha de dar ejemplo y ser muy exigente consigo mismo delante del Señor.
La tercera área cobra una importancia aún mayor hoy en día; se trata de integridad en la vivencia transcultural. El misionero es hombre -o mujer- de dos culturas. No puede negar su trasfondo cultural original, ni vaciarse totalmente de él; su esfuerzo ha de enfocarse hacia la integración mediante una progresiva adaptación en su país de adopción, a los efectos de su ministerio. Tiene que identificarse plenamente con los españoles, tanto aquí como en su propio país, lo que quiere decir que, a efectos de transmitir información y solicitar apoyo, ha de reflejar con sumo cuidado las realidades de la situación en su país de misión cuando esté entre sus compatriotas. No ha de distorsionar los hechos en sus informes, ni exagerar -u ocultar- su propio papel; tiene que reflejar fielmente lo que se ha hecho y quién o quiénes lo han hecho. Introducir cualquier matiz de autojustificación o ensalzamiento propio, sobre todo cuando ha habido problemas, sería una falta muy grave contra la integridad. También relacionada con este área transcultural está la tentación de sentirse superior a los que reciben su ministerio, por haber venido de una cultura supuestamente "superior" o "más desarrollada"; si cede a esta tentación, puede cerrar muchas puertas a su persona y servicio y dañar la reputación, no sólo de sí mismo sino de otros colegas misioneros.
Todo ésto tiene una importancia capital para las iglesias españolas en esta época, cuando una mayor apreciación de las necesidades espirituales y materiales de otros países está creando un inquietud misionera en algunas de ellas; son pocas, por ahora, pero su número va en aumento paulatinamente, y hace falta una buena orientación para los que salen encomendados a países allende nuestras fronteras. Habrá que comenzar a practicar esa integridad misionera en las iglesias-base, alejándose, por ejemplo, de cualquier asomo de racismo o discriminación socio-cultural, como la que se está manifestando en varias regiones españolas hacia los inmigrantes. Quizá sería aconsejable que los que van sintiendo la llamada a la obra misionera y las iglesias de donde han de salir, hiciesen "sus pinitos" entre aquéllos aquí primeramente; algunos creemos que Dios está permitiendo esta situación a fin de preparar a sus iglesias para una obra misionera mucho más comprometida en el futuro. Hace falta sensibilización hacia el carácter, costumbres y religión de esos países para poder realizar este nuevo "salto transcultural", ahora desde España, para poder llevar a cabo la parte que nos corresponde de la Gran Comisión que el Señor nos dejó. De ahí la suma actualidad del tema, porque la integridad misionera la necesitamos todos.